Katsuhiro Otomo es uno de los máximos responsables de que el manga y el anime se hayan puesto de moda en Occidente. Estamos hablando de uno de los monstruos sagrados para muchos de los seguidores del tebeo y de la animación japonesa, por lo que se hace inevitable hablar de él, dado que su influencia ha sido tan enorme que no sería justo hablar de manga y no dedicarle un espacio para comentar su obra. Su obra Akira invadió Estados Unidos. Literalmente. Desde entonces, el fenómeno manga no ha dejado de crecer en aquel país. No fué el primer autor japonés de prestigio en Norteamérica, pero sin duda marcó un hito al doblegar sus férreos mercados. La obra constituyó un éxito sin precedentes y con la fama allí obtenida se preparó la invasión europea, comenzando así la primera oleada del manga en nuestro país. Cuenta entre sus fans a cineastas tan reconocidos como James Cameron y los hermanos Wachowski.

Otomo nació en Hasama, en la prefectura de Miyagi, en 1954. Estudió en el instituto Sanuma, cuna de varios artistas de manga. Es adicto a las películas norteamericanas, en especial a 2001, Una Odisea en el Espacio (1968) de Stanley Kubrick y a Rebelde sin causa (1955), de Nicholas Ray. También es un fan entusiasta del cómic american y, especialmente, del europeo. Su debut en el mundo del manga se produjo con Jyu-seï (concida en Occidente como A Gun Report, 1973), una adaptación de Matteo Falcone, la obra de Prosper Mérimée para la revista Manga Action, de la editorial Futubasha. Continuó dibujando historias cortas hasta 1982, que posteriormente han sido recopiladas en varios volúmenes: Henzeru to Gueretu (CBS-Sony Shuppan, 1982): 21 parodias de novelas y cuentos clásicos como Hansel y Gretel, Cenicienta, Blancanieves, Aladino, El viejo y el mar o Moby Dick; Short Peace (Futubasha, 1986): 9 historias relatando el modo de vida de los estudiantes; Highway Star (Futubasha, 1981): 10 historias; Good Weather (Kitansha, 1981), 10 historias; Boogie Woogie Waltz (Kitansha, 1982), con las primeras obras del autor y otros trabajos experimentales, dedicados fundamentalmente a describir la parte más sórdida de la vida moderna en Tokyo: rock, tráfico de drogas y perversiones sexuales.
Sayonara Nippon (Futabasha ,1981) es un único volumen, que además de tres historias cortas, contiene una serie donde se narran las peripecias de dos japoneses en Nueva York. Un profesor de artes marciales y una chica tienen problemas para integrarse en Manhattan. La serie consta de cinco capítulos. Esta obra permanece inédita en España. El autor la realizó después de una visita a la Gran Manzana.

En 1979 publica su primera obra relativamente larga (unas cincuenta páginas), Fireball, que resultó todo un éxito en Japón, debido a su estilo de dibujo. También era su primer obra de ciencia ficción, cosa que no quiere decir, como quieren ver algunos, que en ella se perfile su archiconocida obra. Ni de lejos, vamos. El único parecido que tiene Bola de Fuego (como se tradujo al castellano) con Akira es que también se trata de una obra apocalíptica. Ha permanecido inconclusa hasta la fecha. En cualquier caso, no es nada del otro mundo.

En 1990 Kodansha publicó Kanojo no omoide, que tiene todas las papeletas para ser la mejor recopilación de historias cortas de Otomo. Además de la mencionada Fireball, contiene otras trece historias de temática muy diversa. En ciertas partes de esta obra se puede observar la clara influencia de Moëbius (fijaros en el Rey Pulpo que acompaña estas líneas). Prácticamente ninguna de las historias tiene un planteamiento claro (más bien las cosas suceden y los personajes están ahí, en muchas ocasiones ni con suficientes viñetas para estar definidos), y aunque a veces sus planteamientos temporales sean bastante curiosos (hay historias que parecen ya empezadas y otras que parece que se cortan súbitamente), he de decir, que para mi gusto, contiene al único Otomo que de verdad me ha interesado en alguna ocasión. Esta recopilación, publicada en España en dos tomos por La Cúpula, es quizás la mejor muestra de los trabajos de Otomo que merezca la pena leer.
Algunas de sus historias hasta está verdaderamente bien (Swing en tono menor), en algunos casos hay anécdotas más o menos simpáticas (El genio de la botella, Noé, El viejo y el mar, La Mesa Redonda), algunas son auténticas salidas de tono (Electric Layland) y también hay auténticos peñazos (Adios a las armas). En cualquier caso, Kanojo no omoide tiene dos virtudes: una, que su lectura es presentable; dos, con ella puede uno formarse una muy acertada opinión acerca del autor. Por cierto, Norma Editorial también publicó Adiós a las armas en el número 141 de la revista Cimoc, dejándole además la portada del número al autor (me vais a perdonar por no incluir la portada en el post, pero tengo los Cimocs en un trastero que tendría que vaciar previamente para poder escanearla y la verdad, no es una cosa que me pida el cuerpo en este momento; ya la incluiré en el futuro, cuando tenga que echar mano de ellos por cualquier otro motivo). La primera obra realmente concebida como tal es Kibun wa mo Sensu (Futabasha, 1982). Prepublicada por en la revista Action y recopilada más tarde, en 1982, en un único volumen de más de 300 páginas, su guión está realizado por Toshihiko Yahagi, famoso escritor y director de cine, que realiza una adaptación de su propia novela. Katsuhiro Otomo se encarga sólo de la parte gráfica. Es una historia bélica, donde dos soldados japoneses y uno americano luchan en el mismo bando a pesar de que sus ideales son bastante diferentes. Toshihiko Yahagi es el autor de la novela The Wrong Goodbay (2005) y ha colaborado con otros ilustres mangakas como Jiro Taniguchi.

Domu (Futabasha, 1983) es otra obra larga. Su publicación comenzó en Action Comics en 1980 y con ella ganó el Grand Prix de ciencia ficción de Japón en 1983, que recayó por primera vez en un manga. Más que una historia de ciencia ficción, está mejor encuadrada dentro del género del terror psicológico, donde, como en muchas de sus historias están presentes los grandes complejos urbanos (no en vano, la trama acontece en un gran bloque de apartamentos), la violencia y la parasicología. La obra es excelente en el apartado gráfico y el comienzo de la historia, muy atractivo. Pero como suele ser habitual en este autor, al final, el argumento se desinfla como un globo. Este es uno de los típicos problemas del manga (y no sólo de este género): una buena idea, brillante en algunos casos, comienza de una forma impecable, atractiva visual y argumentalmente, atrapando al lector desde el primer momento, pero a medida que va transcurriendo la acción, la historia se va estirando y estirando de manera innecesaria, en muchos casos para llegar a un final decepcionante (cuando hay un final, que otras veces ni eso).

Aunque parte de este problema tiene que ver con las diferencias entre la mentalidad europea y la japonesa (los europeos estamos acostumbrados a la introducción, desarrollo y desenlace), una gran cantidad de mangas se recrean excesivamente en la parte gráfica, titubeando argumentalmente una vez pasados los primeros capítulos. Sin embargo, en un buen manga, el lector europeo está capacitado para superar este efecto, ya que en ese caso, los recursos narrativos se sobreponen a esta situación, pero es frecuente encontrarse con historias en las que parece que la obra se ha cerrado en falso. Domu quizás sea la obra más “occidental” de Otomo, en ese sentido, pero sin embargo, cuando uno termina su lectura, tiene la sensación de que la obra es la que domina al autor y no a la viceversa (a pesar de sus atractivas composiciones de página y sus atractivos logros visuales).

En 1982, Otomo cambia de editorial, trasladándose a Kodansha y en Diciembre de ese año comienza a publicar en la revista Young Magazine la que es considerada como su obra magna, Akira. Inicialmente, iba a ser una obra de una longitud similar a las anteriores, pero terminó creciendo hasta alcanzar una extensión superior a las 2.000 páginas que el autor no terminó hasta 1990. La historia arranca en el año 2030, en la megalópolis de Neo-Tokio. Todos los elementos favoritos del autor se conjugan en esta apocalíptica obra: grandes conjuntos urbanos, la violencia, el miedo al hundimiento del país, la parasicología, … Con un atractivo visual innegable y tras un comienzo francamente prometedor, la obra hace, sin embargo, aguas por los cuatro costados en lo que a guión se refiere.

Entre la forzada y limitada confrontación entre Tetsuo y Kaneda, los dos jóvenes protagonistas, la pericia del guionista se va consumiendo, quizás engullida por alguna de las entidades ectoplasmáticas que pululan por sus páginas. Le falta unidad temática y le sobran escenas de persecuciones, explosiones, rayos láser y demás. Al terminar la lectura, uno duda acerca de donde han quedado más escombros: si en la devastada Neo-Tokio o en el guión que acaba de concluir. Fuegos de artificio por todos lados para una obra hueca y sin sustancia, aunque tiene bellas imágenes, que proviene fundamentalmente de los niños envejecidos. Al final, se vislumbra una pobre metáfora que relaciona juventud y poder de una forma tan artificial como tramposa. La obra fue recopilada en seis volúmenes entre 1984 y 1993. En Estados Unidos, la obra fue coloreada mediante ordenador por Steve Oliff para la mejor asimilación por parte del lector occidental, dado que como casi todos los mangas, la obra original es en b/n (excepto las páginas de introducción). La esmerada aplicación de Steve Oliff no desmerece el trabajo gráfico de Otomo , por lo que actualmente existen dos ediciones de la obra: una a color (difícil de encontrar hoy en día) y otra en b/n (para los puristas que quieran apreciar el espectacular dibujo del japonés).
Después de Akira, Otomo, ya en el papel de super estrella, emprendió una nueva obra, esta vez sólo como guionista: The Legend of Mother Sarah. Comenzó a publicarse por entregas en Enero de 1990, también en Young Magazine. Su publicación no finalizó, entre mútliples parones, hasta Noviembre de 2.004. El dibujo es de Takumi Nagayasu, colaborador habitual de Kazuo Koike y con el que ha realizado obras como Oniwa o Kiba Harishi y, es sobre todo conocido por su colaboración con Shou Funimura en Dr. Kumahige.

Todas estas obras están inéditas en España. No he leído la obra, aburrido ya de Otomo, así que os transcribo la sinopsis que aparece en la edición española de Norma: una mujer se embarca en un viaje solitario y peligroso para encontrar a tres personas en una búsqueda que atemorizaría a los guerreros más fuertes y valientes. Debe probarlo o morir en el intento, porque las tres personas son su vida, su pasado y su futuro. Son sus hijos. Años después, a medida que otros viajeros desafiaban el árido paisaje y a sus depredadores, yendo de una colonia polvorienta a otra, se dejaban escuchar historias sobre una mujer de gran fuerza, sabiduría y clarividencia. Las historias se convirtieron en una leyenda…

A partir de este momento, Otomo dejará el manga totalmente apartado para dedicarse por completo al cine, salvo en contadas excepciones (desde un primer momento estuvo implicado en la animación). El caso es que en 1991 estrena el largometraje de imagen real World Apartment Horror. Esta película tendría una adaptación al manga con el mismo título (Kodansha, 1991) realizada por Satoshi Kon. El argumento gira en torno a un yakuza (yakuza es el término que designa a la mafia japonesa, y por extensión, a sus miembros) que debe expulsar a unos inmigrantes ilegales que han ocupado un apartamento, con el objeto de que sus jefes puedan vender el solar.

En 1995 se publica la historia Dog afternoon dentro del recopilatorio Sultan Boueitai (Dobun Shoin), donde de nuevo Otomo sólo participa como guionista. La historia fue publicada originalmente en 1982 en la revista Young Magazine. En ella, unos jóvenes motoristas son captados para formar parte de una organización yakuza que está inmersa en una lucha de poder. El dibujante de toda la recopilación es Akihiko Takadera. El guión del resto de historias es de Kimiyoshi Takekawa.

En 1995 se publica la historia Dog afternoon dentro del recopilatorio Sultan Boueitai (Dobun Shoin), donde de nuevo Otomo sólo participa como guionista. La historia fue publicada originalmente en 1982 en la revista Young Magazine. En ella, unos jóvenes motoristas son captados para formar parte de una organización yakuza que está inmersa en una lucha de poder. El dibujante de toda la recopilación es Akihiko Takadera. El guión del resto de historias es de Kimiyoshi Takekawa.

También en 1995 realizó una historia dentro del número 4 de la serie Batman: Dark & White, una serie en blanco y negro de pequeñas historias realizadas por diferentes autores aportando su visión del personaje. En dicha serie los únicos autores no americanos son él, Tanino Liberatore, el argentino Jorge Zaffino y José Muñoz (si asimilamos al danés Teddy Kristiansen al mercado americano). Finalmente, en 2002, realizó el texto de un libro para niños Hipira, un travieso pequeño vampiro, ilustrado por Shinji Kimura.

Extraido de GUIA DEL MANGA PARA ADULTOS

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