Nació en Peaster, Texas, y no en Cross Plains, como se ha dicho muchas veces, si bien pasó la mayor parte de su vida en esta última ciudad, situada en la zona central de Texas, entre Abilene y Brownwood.

Su padre era médico local y, al igual que su madre, era descendiente de pioneros norteamericanos. Howard recibió su educación básica en Cross Plains y terminó el bachillerato en Brownwood, en la Brownwood Highschool y en la Howard Payne Academy. Después de seguir algunos cursos universitarios en el Brownwood College, se dedicó de lleno a su vocación literaria. De niño fue un inadaptado, especialmente en Texas, debido a su inteligencia precoz. Durante algún tiempo fue objeto de las provocaciones que suelen padecer los niños brillantes pero físicamente débiles. Tal vez como compensación, se convirtió en un fanático de los deportes y de la gimnasia y llegó a ser un consumado boxeador y jinete. Con ello pronto se terminaron las provocaciones, sobre todo porque al alcanzar la madurez medía más de un metro ochenta de estatura, era musculoso y pesaba unos noventa kilos. Era introvertido, poco convencional, caprichoso e irritable, propenso a sentimientos extremos, a atracciones intensas y aversiones violentas. Como la mayoría de los escritores jóvenes, era un ávido lector.

Era colega y amigo de los escritores fantásticos H. P. Lovecraft y Clark Ashton Smith, en 1930 comienza su correspondencia con H. P. Lovecraft, discutiendo apasionadas cartas sobre fantasía, concepciones del mundo y teorías raciales a la que ambos eran muy dados a especular. Mientras que Lovecraft se muestra partidario de los pueblos sedentarios y civilizados, REH se coloca al lado de los nómadas y bárbaros. Lovecraft le recrimina el conceder más importancia a la fuerza bruta que al pensamiento, y él le reprocha haber idealizado el S. XVIII. Mientras que el hombre de Providence es autoritario y dogmático, REH se muestra liberal. Lovecraft es anglófilo, y su corresponsal celtófilo. Aunque se ponen de acuerdo en sus teorías raciales, en las que dan la primacía a la raza aria, término éste utilizado por prehistoriadores como Gordon Childe, de ideología totalmente contraria a la de otros que le darán un significado distinto.

El agnosticismo de REH y sus conocimientos de mitología, derivados seguramente del mismo le van a proporcionar un interesante punto de referencia para la creación de sus mundos fantásticos, en donde todo está dominado por el único dios en el que cree: El Destino.

Sus influencias temáticas pueden rastrearse en Jack London, E. R. Burroughs, Talbot Mundy, Haroid Lamb, R. W. Chambers y el propio H. P. Lovecraft, que le proporcionan ideas sobre la vida aventurera y selvática, los mundos perdidos, la India exótica, el mundo de los cosacos, la epopeya del Far West y el terror y la convicción de que el hombre no está sólo en la Tierra ni en el Cosmos.

Su primera obra publicada es un cuento Spear and Fang que trata sobre un hombre prehistórico, que aparece en las páginas de “Weird Tales”. Tiene lugar en 1924, cuando ya llevaba tres años escribiendo para su propia distracción. Cobra por él la suma de dieciséis dólares.

Durante los últimos diez años de su vida (1927-1936), Howard escribió y publicó en revistas una gran cantidad de relatos de ficción menores de distintos géneros: deportivo, de detectives, del Oeste, históricos, de aventuras orientales, cuentos de misterio y fantasmagóricos, además de poesías y cuentos fantásticos. Antes de cumplir los treinta años ganaba como escritor más dinero que cualquier otra persona de Cross Plains, incluyendo el banquero de la ciudad, aunque no era mucho porque durante los años de la depresión económica las revistas pagaban poco y con retraso. Si bien Howard tenía un considerable éxito en su trabajo y era un hombre fuerte y corpulento como sus héroes, era un inadaptado y tenía trastornos psíquicos. Antes de su muerte, habló durante varios años de su intención de suicidarse. A la edad de treinta años, al enterarse de que su anciana madre -a quien quería con una devoción exagerada- estaba al borde de la muerte, puso fin a su prometedora carrera literaria pegándose un tiro.

Su relato «Clavos rojos», una historia de la serie de Conan, así como su novela interplanetaria Almuric, se publicaron en Weird Tales después de su muerte. Howard escribió varias series de cuentos de fantasía heroica, en su mayoría publicados en Weird Tales. Howard era un narrador nato, cuyos relatos no han sido superados en cuanto a realismo, interés y al dinamismo de la acción. Sus héroes -el rey Kull, Conan, Bran Mak Morn, Turlogh, Solomon Kane- son míticos: se trata de hombres de pasiones ardientes y una voluntad indomable, que imponen fácilmente su personalidad en las historias que protagonizan.

Howard explicaba de la siguiente manera su preferencia por héroes de enormes músculos y entendimiento corto: «Son seres elementales. Cuando los metes en un lío, nadie espera que te devanes los sesos inventando modos sutiles y maneras ingeniosas para hacerles salir del atolladero. Son demasiado estúpidos para hacer otra cosa que cortar, golpear o arrastrarse hasta quedar libres». De todas las obras fantásticas de Howard, las que han gozado de mayor popularidad han sido las historias de Conan. Éstas transcurren en una imaginaria Edad Hiboria, situada hace unos doce mil años, entre el hundimiento de Atlantis y los albores de la historia. Howard escribió -o al menos empezó- más de veinte relatos de Conan, de los cuales dieciocho se han publicado en vida del autor o poco después de su muerte, uno de ellos en un «fanzine» y el resto en Weird Tales.

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Una respuesta to “Robert E. Howard”

  1. zhiveta Says:

    Espadas Salvajes, Conan el Barbaro y mundos fantasticos…este post se lo dedico a mi hermano.

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