Steve Ditko nace en Johnstown (Pennsylvania) el 2 de noviembre de 1927 y estudia arte en la Cartoonist and Ilustrators School de Nueva York.

Su primer trabajo aparece en la revista Prizens Black Magik 27 (1953). En los dos años siguientes dibuja relatos cortos de terror y fantasía para pequeñas editoriales. Desde 1956, es uno de los ilustradores de la editorial Charlton. A esta época pertenecen series como The Thing, Space Adventures y la creación del Capitán Atom (1960). Paralelamente, Ditko inicia su colaboración en Marvel como ayudante de Jack Kirby, Bill Everett y Don Heck.

Durante estos años, curte su personal estilo y, con un trazo opuesto al colosalismo de Jack Kirby, llega a inventar una figura humana imposible, sinuosa y torturada, al tiempo que natural. En Marvel, además de The Amazing Spider-Man, dibuja varios números de Tales to Astonish, Hulk, y su otra obra maestra, Doctor Strange, en la que pone de manifiesto su atracción por la magia y la psicodelia.

Las diferencias con Stan Lee le llevan a abandonar la corporación a principios de 1966. A partir de este año salta de editorial en editorial, creando personajes aquí y allá: Blue Beetle y The Question en su regreso a Charlton; The Creeper y Halcón y PalomaMister A en DC; en Witzend, la revista dirigida por Wally Wood; Get Smart y Hogan’s Heroes en Warren…

A mediados de los años ochenta Ditko vuelve a Marvel, esta vez con trabajos netamente alimenticios, desde apariciones puntuales en Indiana Jones, The Micronauts, Marvel Spotlight, Bizarre Adventures o Daredevil, a una larga estancia en Rom.

En 1988, la compañía le encarga el dibujo de Speedball, un personaje que pretende recuperar las esencias de Spider-Man. Pese a su avanzada edad, Ditko jamás ha dejado de trabajar, y entre sus trabajos publicados en los años noventa destaca la inacabada Steve Ditko’s Strange Avengin Tales para Fantagraphics.

Autor de culto y por tanto de minorías, Ditko, que se ha negado sistemáticamente a volver a dibujar a Spider-Man y al Doctor Extraño, es un genio peculiar que no quiere fotografiarse, autografiar su trabajo o conceder entrevistas. Categórico a la hora de tomar decisiones y guiado por el pensamiento objetivista, expresa sus ideas a través de lo que hace. “Nunca hablo de mí. Mi trabajo soy yo. Doy lo mejor que tengo, y, si me gusta, espero que al menos sea del agrado de alguien más”, dice en una ocasión.

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